En Maryam Math hablamos mucho de talento, esfuerzo y perseverancia. Pero a veces, para entender de verdad esos conceptos, necesitamos una historia concreta, con nombre y apellido.
Hoy esa historia se llama Pol Deportes (Cliver Huamán), un adolescente peruano que convirtió un cerro en su cabina de transmisión y una idea en inspiración para miles de jóvenes.
Un celular, un sueño y muchos kilómetros
Pol tiene 15 años y vive en Andahuaylas, Perú. Le apasiona el fútbol, sí, pero sobre todo le apasiona contarlo, narrarlo, vivirlo con palabras. Su sueño: ser relator deportivo.
Cuando se anunció la final de la Copa Libertadores en Lima, decidió que quería narrarla. No tenía credencial de prensa, ni cabina, ni un gran equipo técnico. Tenía:
Un celular
Un trípode y un aro de luz
A su hermano haciendo de productor improvisado
Y una enorme convicción de que valía la pena intentarlo
Viajó muchas horas hasta la capital. Al no poder entrar al estadio, no se dio media vuelta: subió a un cerro cercano y desde allí montó su “estudio” al aire libre para transmitir el partido por redes sociales.
La escena es poderosa: un chico, un teléfono, el estadio iluminado al fondo… y miles de personas conectadas escuchándolo narrar.
Las cualidades de un emprendedor… a los 15 años
Mirando con atención, en Pol no solo vemos a un joven talentoso; vemos a un emprendedor en formación:
Encuentra una oportunidad donde otros solo ven límites
No puede entrar al estadio, pero sí puede buscar un punto alto desde el que se vea y se sienta el ambiente. No se queda en el “no se puede”.
Asume riesgos
Viajar, organizarse, apostar por algo sin garantías. Eso es exactamente lo que hacen los emprendedores: probar, exponerse, aprender en el camino.
Aprovecha al máximo recursos mínimos
No hay consola de audio, ni estudio, ni patrocinadores. Hay creatividad, ingenio y una plataforma digital que multiplica su voz.
Construye una marca personal auténtica
No pretende imitar a otros. Lleva su estilo, su acento, su forma de vivir el fútbol. Eso conecta, porque es genuino.
En Maryam Math hablamos a menudo de mentalidad de crecimiento: la idea de que el talento no se limita al punto de partida, sino que se desarrolla con práctica, curiosidad y valentía. Pol es un ejemplo vivo de esa mentalidad.
Influencers de verdad
En redes sociales se habla mucho de influencers. Casi siempre pensamos en personas que muestran una vida perfecta, ropa de marca o viajes de ensueño.
Pero historias como la de Pol redefinen la palabra:
Un influencer real es quien mueve algo dentro de otros: la idea de “yo también puedo intentar algo”, “mi origen no me condena”, “no necesito tenerlo todo para empezar”.
Un influencer real inspira acción, no solo admiración.
Cuando un adolescente ve a Pol narrando desde un cerro con un simple celular, el mensaje que recibe es muy distinto al que ofrecen las cuentas de lujo:
“Lo importante no es lo que tengo, sino lo que soy capaz de hacer con lo que tengo.”
Si queremos más referentes así, necesitamos dar visibilidad a estas historias y usarlas en la escuela, en casa y en espacios de formación como ejemplo de influencia positiva.
El capital más importante: la familia que cree
Hay un elemento clave que no podemos pasar por alto: Pol no caminó solo.
Detrás de su hazaña hay una familia que:
Escuchó su sueño y lo tomó en serio
Reconoció su habilidad para narrar
Se organizó para hacer posible el viaje
Lo acompañó en la aventura y lo sostuvo emocionalmente
Ese apoyo es mucho más que “permiso” para usar el celular: es validación, es decirle con hechos:
“Lo que te apasiona importa, y nosotros estamos contigo.”
En muchos casos, la familia es el primer freno o el primer impulso. Cuando una madre, un padre, un hermano o una abuela dicen: “Te creemos, inténtalo”, están actuando como los primeros inversionistas de ese talento. No invierten dinero, invierten confianza, tiempo y cuidado.
¿Qué hacemos con historias como esta?
Desde un espacio educativo como Maryam Math, una historia como la de Pol nos deja varias preguntas importantes:
¿Estamos ayudando a niños y jóvenes a identificar sus talentos, incluso si no son los “clásicos” de siempre?
¿Les enseñamos a emprender con lo que tienen: su creatividad, su voz, su forma de pensar, su curiosidad?
Como adultos, ¿somos espectadores críticos o aliados activos de sus sueños?
No todos los chicos van a narrar una final de fútbol. Algunos escribirán, otros programarán, otros crearán proyectos sociales, otros emprenderán en ciencia o arte. Pero todos necesitan al menos tres cosas:
Un talento que alguien les ayude a ver
Un entorno que no ridiculice sus sueños
Un modelo que les recuerde que empezar pequeño también cuenta
La historia de Pol nos muestra que un cerro puede convertirse en cabina, que un celular puede ser una puerta y que una familia puede ser la diferencia entre un sueño abandonado y una oportunidad construida.
En Maryam Math creemos profundamente en esos comienzos humildes que, con acompañamiento y perseverancia, se vuelven grandes historias.
Tal vez hoy, en alguna casa, haya otro niño o joven con un sueño “demasiado grande” para su realidad. Ojalá encuentre a su alrededor lo mismo que encontró Pol: alguien que vea su talento, lo canalice y lo apoye.